Xiao Nü Zeng. La joven Zeng.


Este artículo fue publicado en Día a día en Agosto de 2006, durante uno de mis viajes a China.

Ser mujer es siempre difícil (hay que soportar al padre, marido, hijo, o jefe que viene atado a ellas desde el nacimiento), pero acabo de ver que ser mujer en China, es algo más difícil que serlo en España, por ejemplo (siempre hay excepciones).

De regreso a casa, después del trabajo, durante el largísimo trayecto de autobús, se me acerca Zeng (una joven a la que no conocía de nada hasta ese momento) y me hizo una pregunta en francés que no pude contestar; le expliqué que yo no era francés y entablamos conversación. Después de unos minutos supe que Zeng es una brillante estudiante que justo después de acabar la universidad, encontró trabajo como aprendiz mientras prepara su viaje a Toulouse para estudiar francés. A simple vista la chica es una lumbrera y tendrá – muy probablemente – el éxito profesional que busca. Me fui a casa pensando en las grandes posibilidades que hay en China – aunque no lo parezca – incluso para las mujeres.


Al día siguiente, y después de buscar el significado de la palabra que en su momento no supe, llamé su atención para darle la respuesta. Esta vez la conversación giró 180 grados, cuando le pregunté que si estaba contenta con el trabajo y me dijo que no porque su padre era muy estricto; y tras escuchar un rato, me di cuenta de que ella estaba pagando un alto precio por llegar a ser alguien “importante”. Me explico: Zeng es la única hija – en China el gobierno sólo permite un retoño por familia, para frenar el enorme crecimiento demográfico – de una familia humilde. Su padre, un albañil chino que gana unos 120 euros al mes, posiblemente tuvo que tragar con la nena aunque, como la mayoría de los chinos, prefería un varón. El hombre debe entender que en su país hay demasiada gente para la pequeña oferta de empleo “en condiciones” que existe; y obliga a su hija a estudiar y trabajar constantemente. No hay salidas, no hay fines de semana, no hay fiesta con los amigos… sólo trabajar. Cuando Zeng era estudiante, el padre exigía que fuera la primera de la clase, y si no – y aquí viene lo grave – le pegaba. Está claro que cuando entran en conflicto la sociedad (más bien diría yo la cultura en este caso) con la competencia debida al rápido desarrollo que está transformando el país por el crecimiento económico, las familias deben, injustamente, sacar un país adelante a costa de soportar dramas como este.




Hoy he visto a Zeng en el autobús. Le he sonreído y ella, con su saludo, me ha dejado ver un arañazo debajo del ojo izquierdo. Prefiero pensar que fue un accidente. Prefiero no preguntar qué le ha pasado.

2 comentarios:

Elisa dijo...

Me tienes enganchada..., me gustas cuando describes, que es en la mayoría de tus escritos y cuando narras como en este artículo. La fuerza es la misma. Desafortunadamente yo no he visitado el lejano Oriente, pero sí he vivido muchos años en el cercano Martos, aquí he conocido un amplio abanico de mujeres y hombres de muy diferente clase y condición,...y he conocido a mujeres como Susana, una oriental occidentalizada, una oriental que quiere y necesita sentirse occidental, una oriental que rehuye las conversaciones sobre su país, una oriental que, a pesar de haber abierto las puertas de este su nuevo mundo a la mayoría de los miembros de su familia a base de trabajo del de verdad, tiene que soportar en muchos de los aspectos de su vida el peso de la tradición machista, una oriental que siempre nos recibe con una sonrisa a cambio de un ratito de charla de igual a igual.

Juanma dijo...

Que rawon tienes Jose, y que poco reconocemos en Europa la suerte que tenemos al poder disfrutar de nuestra juventud.

Grandes reflexiones y muy bien narradas, eres un artista!