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Cuento de Navidad




Había una vez una mujer que contaba cuentos a los niños de todas las edades. Era una mujer con más de 700 años – cada semana cumplía uno – pero con una piel blanca y suave como cualquier joven de su edad. Tenía unos ojos negros que eran como bolas de cristal de donde hacía salir la magia de sus cuentos. Un día llamó a casa a un grupo de niños y niñas y los sentó alrededor de la chimenea para contarles un cuento muy triste. Los niños vieron que la anciana de la eterna cara joven había envejecido de repente. Ella les dijo: “Mirad niños. Os voy a contar el secreto de mi juventud. Ninguno de los cuentos que os he ido narrando en estos años es mío. Ahí está el secreto. Cada cuento que recibía provenía de una persona diferente, tenía una opinión diferente, a veces, sobre el mismo tema; pero todos y cada uno de ellos fueron contados aquí. La magia surgía en vuestras caras; y habéis sido vosotros los que me decíais con expresión de satisfacción o de incredulidad si el cuento era un buen cuento o no lo era. El otro día me sentí mal; ya estuve así otras veces, así que no le di importancia. Vino el doctor a hacerme un reconocimiento y me dijo que la pócima que estaba tomando ya no me hacía efecto. Me diagnosticó una carencia de vitaminas esencial para continuar con mi vida. Después de buscar y buscar por todos rincones de este inhóspito bosque, me dijeron que la fórmula que necesito no existe (al menos no está a mi alcance). Así que este es mi último cuento. La próxima semana cumpliré 769 años y moriré de vieja, que es la forma en que todos debemos morir, para que sigan otros más jóvenes. Y moriré en Navidad, porque es mejor renacer que morir. Gracias.”


Me fui de allí con un sabor a melancolía que llenaba mis pensamientos de recuerdos: mis cuentos nunca fueron mágicos, pero ella supo cómo vestirlos con brillantes. Mis opiniones políticas, mis viajes, mis carnavales, mi vida, mis críticas, mis elogios, mis paisajes, mis deseos tomaron la forma de cuento de Navidad en la puerta de un cementerio. Cogí el antifaz y lo miré por el otro lado, por donde vosotros lo miráis siempre y yo nunca. Era brillante, plateado lunático, y con una cinta de raso del color de un amanecer. Lo enterré al pie de un árbol y tapé el hueco con un montón de hojas secas. Me fui de allí pensando: “Gracias vieja por los 160 años que pasé contigo. Nos vemos “Día a día”.


Cuando volví a la casa, ya no estaba. La mecedora brillaba reflejando las llamas de la chimenea. Todavía se mecía ligeramente, pero ella ya no estaba.

Manifiesto

Como si se tratase de empezar, a pesar del inminente final, hablaré de mí, a pesar de vosotros. Me manifiesto en esta agonía semanal que acaba con el año y con la luz de tus hojas. Como si de empezar se tratase empiezo a caminar por otro sitio en cuanto me cierres la puerta. Seguiré gritando alegre la locura, el desorden, la piratería o cualquier otra ilegalidad descafeinada que me brinde la vida. Porque esta vida es mía, y si vienes con cadenas, ataduras o prohibiciones ya te puedes ir largando. Yo elijo. Si quiero reír, ríete conmigo, y si quiero llorar y no te gusta, aquí me quedo disfrutando de mis ganancias y mis pérdidas, de mi rabia y mi coraje. Siempre preferí perder porque no aguantaría ser rico; por eso de todas las cosas que gano, lo que no conservo es el dinero.
Me voy con el reloj, que va sólo hacia delante. Así que pienso sazonar cada momento de los que aquí piso con toda la intensidad que me permita el corazón; que no tengo pies, sino corazón para caminar siempre adelante, como el reloj. Lo vivido ya no vuelve. Se recuerda y se sigue alimentando el futuro desde este mismo segundo en que mis teclas están apagando la música que torpemente he construido para ti durante tanto tiempo. Así que miro adelante, porque de mirar atrás me duele el cuello y el calendario.



Yo no soy ni mi padre ni mi hijo, soy el hijo de la suerte de mi padre, y el padre de la alegría de mi hijo, un eslabón más. De eso es de lo que disfruto, de mi momento. Y no quiero más leyes que las que el amor escribe. Y no quiero más política que la que da de comer al que confunde el enorme hueco de su estómago con el de su alma. Y no quiero más risas que cualquiera que se me acerque a los ojos. Y no quiero más llantos que aquellos contra los que merece la pena luchar. Y no quiero vivir más que una vez, ya tengo bastante. Y no quiero escribir más tonterías que todas las que seáis capaces de soportar. Y no quiero nada más que todo lo que quiero, ya tengo bastante. Y no quiero que con las uvas se vaya el año descalzo, que se lleve el humo negro que dejó, porque el año que viene tendremos más. Y no quiero nada más que vivir, aunque sea sin revista. Puede que la vida sea una puta, pero yo la quiero así, alegre y puta. Qué más puedo pedir si con un café y un cigarro viajo más que con Peter Pan. Anda y vete. Que aquí sigo yo con mi antifaz, como el día que empecé a susurrarte al oído el derecho que tienes a ser feliz en esta única vida que tenemos. Manifiesto.

Doble carril

Hace 16 años, tenía yo menos barba que sabiduría – ahora sólo me creció la barba – y fue mi primer año de universidad; precisamente empezaban las obras del primer tramo de autovía (doble carril para cada sentido y nada más) entre el pueblo y la capital. 24 kilómetros me separaban de la puerta del saber, aunque yo fuese a aprender otras cosas que no eran precisamente Álgebra, (física y química sí, pero a nivel práctico). Recuerdo aquel tortuoso año de traslados interminables, carriles provisionales, desvíos, retenciones… recuerdo aquel tortuoso año con una lejanía histórica, casi invisible.


La semana pasada vino el político de turno con sus correspondientes tijeras y cámaras de fotos alquiladas, cual Trajano en el estreno de la Vía Apia, a inaugurar el tramo de autovía (bellísima metáfora de la amplitud), que acaba circunvalándonos y que conecta rápidamente a mi pueblito con el resto del mundo. ‘Tutti contenti”. En la antigua Roma construyeron 560 Km de Vía entre el foro romano y Brindisi – en el tacón de bota de Italia – para dar acceso al Adriático y acercarse hacia Grecia. En esta época que ahora vivimos, se nota que han pasado 2300 años. Hemos hecho 1,5 kilómetros de doble carril por año y el empedrado asfáltico resulta una fiel imitación de aquella calzada antigua. La diferencia es que la Vía Apia no tiene tantas curvas.
En un alarde de imaginación – quizá por la copa de vino, o porque un político es en sí un borracho emocional – nos alentaron sobre el brillante futuro y la continuación de la calzada en busca del mar. Vamos, que a este paso, para el año que viene salimos de trabajar a las 2 y llegamos Málaga a las 2 menos cuarto. Señores, pónganse una medalla; sino, yo se la regalo. Porque sí. Porque se la merecen. Por el esfuerzo realizado. Medalla al consejero, al alcalde, al delegado, y a sus marionetas. Medalla al cinismo. Medalla de oro a la inutilidad. Medalla al mejor vendedor del año, del lustro, del siglo (pero que caro venden para lo poco que pesa). Tenemos lo que nos merecemos; en este caso sí. La diferencia entre estos políticos y los que construyeron la Via Apia es que a estos los hemos elegido nosotros. Estos son los socialistas del Vini, vidi, vinci.

Barrio Séxamo

El otro día saltó la noticia. Los americanitos del norte, esa especie en peligro de no extinción que gastan más dinero en estudiar la influencia del movimiento de rotación de un trompo en las mentes infantiles que en darles de comer, ya no pudieron aguantar más. Los contenidos de la serie Barrio Sésamo no son aptos para los niños. La verdad es que hay que tener cuidado con lo que ven los niños porque pueden coger traumas. Ya había escuchado infinidad de comentarios sobre el triángulo amoroso que existe entre Pedro, Heidi y Clara: que si la leche es muy espesa, que si las cabras tienen cuernos…; o la dudosa orientación de los Teletubbies, que aturde a las almas de conciencia recta y misa dominical porque no saben si son machos o hembras. Pero esto de Barrio Sésamo es que no le encuentro explicación. Como no sea que Epi y Blas hayan salido del armario después de haberlos visto ducharse en algún capítulo o comer juntos galletas en la cama. Como no sea que Gustavo la rana sea ahora reportero erótico. Como no sea que Espinete fuera el exhibicionista que se pasaba todo el día sin ropa y para acostarse se ponía el pijama. O eso de que Coco montase a la Jaca Paca traía doble sentido. La verdad es que no recuerdo cómo explicaban el arriba y abajo, el adentro y afuera, pero no creo que… vamos, qué barbaridad.




Así que los analistas de la sociedad que redime al resto de los mortales, que no somos ni estados ni unidos, han puesto dos rombos a la serie Barrio Sésamo – me imagino entrando en un sex shop para preguntar si tienen el capítulo donde el Conde Draco cuenta hasta 69 – porque prefieren que sus infantes vean en la tele las detenciones policiales en directo, la agresividad de Pressing Catch para que después jueguen con sus muñecos de plástico a dar patadas a las cosas, a la gente, o incluso algún discurso del presidente Bush.

Por cierto, estoy de un salido últimamente. Es que voy por la calle y me quedo mirando a una mujer – con el mentón caído – como si hubiera estado veinte años en una isla desierta. Si fuera americano tendría explicación. Bueno, os dejo, que voy a ver con mi niña una serie en la que sale Barbie, esa sí que está buena, y no Peggie.

Sin techo



Bautizo alcohólico en la estación del metro,
Poeta hiperbólico de las buenas maneras,
Intruso en los zoológicos urbanos,
Anónimo con una historia cualquiera.
Renuncia de nuestro desorden sin carné,
Vanguardista de moda sin peluquerías,
Forzosa ironía.
Dueño de un mundo al revés.

Cielo de cartón.
El colmo de la educación
Porque se dejan ver para que existan los ricos,
Pájaros sin alas ni pico.
Carrete de fotos velado,
Chaqueta prestada con corazón en el bolsillo.
Muñeco imprescindible en el portal de Belén,
El precio de las conciencias,
Estatuas móviles entre la gente,
Empujón, vaivén indigente,
Vomitar es una ciencia.


Libertad y nada más que libertad hambrienta.
Faltas de ortografía en los ojos,
Piojos.

Recibidor del olvido,
Paria sin unión carnal.
Ya no hago el amor contigo,
Imagino que el amor se me ha descolorido.

Macetas de un jardín carente de riego,
Barba de veinte años,
Anhelo,
Sin techo, se ve el cielo.

La sonrisa de Rajoy


Rajoy es un personaje extraño; no es el típico político que pone antifaz a las mentiras con un tono de normalidad apabullante y creíble. Este señor practica el cinismo de querer que nos lo creamos a base de ponerse serio, como si reír y mentir fueran siempre de la mano. Si publica un video institucional, con bandera, foto familiar y la estantería ordenada, se pone serio; la bandera es algo serio, muy serio; la patria también, pero no tanto como para sujetarse las gafas con el entrecejo. Si da un mitin para hablar de lo mal que lo hace Zapatero, su cara denota acidez de estómago o convulsiones intestinales – que es donde los políticos guardan sus argumentos – e incluso en alguna pincelada jocosa, el señor deja quieta su faz de escayola; eso sí, los que se ríen son los jóvenes de detrás, quizá porque la gomina les aplasta las sienes o el lagarto del jersey les muerde el corazón. Si concede una entrevista al Quintero en la tele da la sensación de llevar el esfínter anal contraído, y eso que éste presentador da pie a respuestas relajadas y juega con las pausas para que el entrevistado abra el bote de su intimidad. En resumen: rigidez y empeño en que todo el mundo esté de acuerdo.


Sin embargo le he visto esbozar una sonrisa. Hay ocasiones en las que Mariano se le pinta en la cara una expresión de burla socarrona que casi deja leer su pensamiento. Cuando ETA rompió la tregua y abrió la posibilidad de matar a cualquiera sonrió; cuando hay un conflicto verbal entre el Rey y Chavez, echa la culpa a Zapatero obviando la mala educación intencionada de Chavez y el poco aguante del monarca para reuniones tan largas y sonríe; cuando el IPC sube más de lo esperado e impide a la gente de la calle hacer planes de futuro porque la hipoteca es un dragón que se lo come todo y al carro de la compra cada vez le caben menos cosas por 50 euros sonríe, cuando las obras del AVE no llegan a terminarse según lo previsto, a causa de un trazado aprobado por su partido y ejecutado por una empresa afín a su partido, causando un caos circulatorio cada día en una ciudad como Barcelona sonríe. Me pregunto de parte de quién está el tío este. O mejor qué clase de España es la que tanto le llena de orgullo. De mí no te ríes, bufón de las tragedias ajenas.

Aló presidente

Llega Don Hugo con su camisa roja y su sonrisa amplia como la Laguna de Canaima. Hoy llegó temprano al programa. En su expresión se siente la satisfacción de haber sido nominado a un premio de cine (pero no un premio norteamericano). Se sienta en el sillón aplomando la espalda y afirmando la sonrisa. Distraídamente mira a la cámara. Le hipnotiza. La cámara y él son una pareja perfecta en este juego de palabras que salva al pueblo de la república bolivariana de Venezuela. Sin quererlo, sin planearlo, sin que nadie diga nada, empieza a hablar:

“Queridos compatriotas, lo hemos hecho de nuevo. No teníamos a Bush en esta reunión, pero teníamos españoles y usamos al diablo Aznar para distraer la atención de Latinoamérica y hacer pensar al pueblo venezolano que su único salvador soy yo, que la voluntad del pueblo pasa por la mía propia. Queridos compatriotas, como no tengo ningún mensaje que dar que os haga pensar que nuestro país va a mejorar en términos sociales, os voy soltando estas puñaladas contra los capitalistas del mundo que tanto os gustan y tanto alimentan vuestro odio y mis votos en las urnas. No habrá finalmente ningún venezolano desde Bolívar a Zulia, desde Amazonas a Nueva Esparta, que no afirme que soy su guía espiritual, que sin mí esta república estaría condenada. ¡Y cómo se enfadó el viejo rey cuando premeditadamente interrumpía yo al presidente Zapatero con argumentos Aznarianos y con la ayuda de otros caudillos como Ortega lo es para Nicaragua! Qué risa nos hizo comentarlo después de la reunión queridos compatriotas engañados. Soy el mejor, aunque no me lo ha dicho nadie, pero yo lo sé. ¿Quién dijo que no hay que mezclar política y religión? Yo voy a ser vuestra religión…”


De repente se oye al regidor oculto detrás de la luz de los focos: “¡Vale. Corta aquí! Don Hugo se enrojece y no por reflejo de la camisa: “¿estabais grabando? Pero qué estúpidos. Borrad inmediatamente la cinta. Mejor entregádmela. Es increíble que todo lo tenga que hacer yo. Con este pueblo no sé dónde vamos a llegar.”

De burkas y hiyabs

Hace unos años conocimos a Rassana, una chica malaya que llegó a este lugar becada por una universidad inglesa para realizar prácticas en una empresa de aquí. Rassana es alegre, tiene un sentido del humor amplísimo, una capacidad de adaptación enorme, lleva un hiyab, es una gran trabajadora; después de mucho tiempo sin tener noticias suyas – lo último que escuché es que volvió a Malasia a trabajar en la empresa de su padre – me acordé de ella, de su mirada y de su sonrisa, de la luna malaya que hay en su cara.

Ahora estamos cuestionando que las niñas van al colegio con hiyab. Ahora nosotros decimos, que el velo musulmán es un símbolo de sumisión de la mujer ante el hombre, cuando lo que estamos queriendo decir – preguntar en CIU – es que nuestra estrechez mental no nos permite ver que la gente haga cosas diferentes a las que nosotros hacemos, porque nos gusta que todos vayan iguales, que todos hagan lo mismo, y que lo que hagan coincida con lo que a nosotros nos parece bien. Algunos llegan más lejos, y lo que realmente les gustaría es que todos tuviéramos el mismo color de piel. Se me tuesta el ánimo al sol intolerante.


Porque sí. Porque nos da la gana, todos tenemos que ser del Madrid o del Barça, todos tenemos que llevar camisas de cuadros de colores chillones porque ahora se llevan así, todos tenemos que votar al pesoe o al pepé, y todos tenemos que ser heterosexuales, a ser posible de esos que gastan bromas humillantes a las mujeres para que los otros hombres se rían (pero el velo sigue siendo discriminatorio y sexista). Muchos tabiques en la cabeza para tanta libertad en la boca.
Si tu escasez neuronal no me permite manifestar mi forma de vestir, de hablar, de sentir, no me va a quedar más remedio que defenderme y gritar en la calle que me alegro de no ser como tú. Espero que tu raza esté en peligro de extinción, yo no haré nada por mantenerla. De acuerdo en que el burka es una cárcel de tela que anula a la persona. Quitáoslo todas a la vez. El hiyab es hoy día una manifestación cultural, y para quien no sea aquí lleva mi denuncia contra el que la obliga a llevarlo si ella no quiere, ¿no llevas tú un crucifijo todo lo grande que tu bolsillo pudo pagar? El hiyab no somete a ninguna mujer que no quiera ser sometida, sino cómo iba yo a acordarme después de tanto tiempo de la sonrisa y de la profundidad de la mirada de Rassana.

Pato estiloPekín



En estos días hace un año de mi último viaje a China. Después del día de la fiesta nacional aprendí como hacen allí el pato al estilo Pekín. Una tortita fina de harina se pone sobre la mano, se unta con salsa de soja y se pone manzana y carne de pato en trozos. El paladar es un festival de contrastes. Lo seco de la harina con lo jugoso de la salsa, la dureza de la carne con lo tierno de la manzana, lo dulce con lo agrio. Así es China.

El contraste continúa en el templo. Los monjes budistas encienden varillas de incienso para perfumar la fiesta. Entre el perfume, los paladines de la conciencia oriental rezan por la paz y por la libertad de sus hermanos en Birmania, porque acaben las represiones, porque el pueblo se levante detrás de la bandera que están agitando los budistas birmanos.
Con estas imágenes empiezo a recordar una dictadura que hubo aquí en este país. Eso de que el franquismo ha pasado es un cuento chino (nunca mejor dicho); el franquismo es una parte de nuestra historia, y su peso sigue presente en medio de nosotros. Esto de obligarnos a olvidarlo es un gravísimo error. Pues los monjes que tenían el control de las mentes débiles de aquella dictadura, en lugar de salir a la calle a reclamar libertad y justicia, refugiaron al generalísimo bajo palio haciéndose cómplices de los crímenes del régimen. La religión reprimía en el púlpito. Los curas transmitían miedo en lugar de amor. Y, ahora, para contrarrestar el efecto recordatorio rojo de la ley de la memoria histórica, que permitirá seguramente a algunos saber dónde están sus familiares que un día desaparecieron, ellos organizan una fiesta vaticana – con el PP de invitado de honor – para santificar a los curas que pasaron el filtro de sumisión al fascismo; a los otros curas no. Pero con el otro lado de su oculta moral, piden que no destapemos la historia negra.


Desde luego no estoy de acuerdo en que quiten los símbolos del fascismo que todavía quedan. Porque algún día mi retoño me preguntará qué es esa cruz tan enorme que se ve desde la autovía de La Coruña. Y le responderé lo que es y lo que representa. Y lo que hicieron los que ahí están enterrados durante tantos años. Y le invitaré a luchar por la libertad, como un monje budista.

El dia de la patria

El día de la patria de hace 30 años era un día en el que se ensalzaba la bandera, la corona, el ejército y la unidad. Sobre todo la unidad nacional. Hoy es el día de la patria de 30 años de corona de oro casada con el pueblo de barro y totalmente asentada en palacio; aunque la corona parezca ser de cristal de Murano ese que se rompe si la llama de un mechero se acerca a una fotocopia de Borbón y Borbón. Menuda estabilidad de comedia. Pasar 3 décadas acumulando piropos y elogios y engordando la bondad de la monarquía para el pueblo, y en un solo mes pone los pelos de punta a los tribunales empeñados en conservar (la palabra conservar a veces huele a rancio) la monarquía inmaculada.


Pues eso. Que si ahora dices lo que piensas en contra del rey eres un alma independentista y republicana del infierno en el que teníamos que estar todos los rojos de esta calaña; esto según Rajoy, icono de los iconos de la patria, que oficialmente inyectará veneno con su lengua de serpiente (en varias direcciones) al que saque la bandera tricolor el 12 de Octubre, y sin embargo, sufrirá la profundidad oscura de la ceguera política ante las banderas del pollo que saldrán el 20 de Noviembre.
Ya he dicho alguna vez que mi patria y mi bandera son otra cosa más sentimental y de menos tela; y éstas del día de la patria no las quiero para mí. Y no las quiero entre otras cosas porque se empeñan en meterlas con calzador a todo el mundo, a la fuerza, de la misma forma que se radicalizarán los republicanos cuanto más quieran reprimirlos, cuanto más se beatifique la unidad nacional. Y digo yo: ¿por qué hay que estar unidos? ¿Tan buena es la unión que mantiene a vascos y catalanes enfrentados a los demás? ¿O es que la unión es por cojones? ¿No verdad? Entonces, ¿Por qué está tan mal hablar de cambios? El que tenga miedo que levante la mano. El que quiera república que levante el puño.

Ciudadanía

Hoy soy otra persona. Soy joven, ya me gustaría. Soy homosexual, os escandalizaría a los estrechos de mentalidad y a los buscadores de escándalos. Soy estudiante, eterna aspiración guardada entre los premios a mis frustraciones. Y tengo mi pareja, mi amor. Bajo estas circunstancias me pueden pasar dos cosas:

Primera: Llego a clase el lunes por la mañana. El cura que imparte la nueva asignatura de ciudadanía nos pide que abramos el nuevo libro de la recalcitrante editorial Casals por la página donde dice que “las parejas homosexuales son uniones de hecho respetables, pero no se les puede calificar como matrimonio”. ¿Qué hago? ¿Qué pienso?

Segunda: Llego a clase el lunes por la mañana. El joven profesor que imparte la nueva asignatura de ciudadanía nos pide que abramos el libro de la editorial Santillana, afín a los deseos, más bien caprichos, del gobierno supuestamente de izquierdas (o debería decir al supuesto gobierno de izquierdas; es broma); bueno que abrimos el libro y leemos que hoy día hay muchos tipos de familias y de matrimonios, entre las que se encuentran las de homosexuales. ¿Qué hago? ¿Qué pienso?

Ni lo primero ni lo segundo. Si en clase hay un facha de 18 años que lleva la foto de Franco en la cartera, ningún libro va a cambiarle su opinión de enfermo sobre mí. Señores de Casals, a predicar a la iglesia. Zapatero, a hacer política a la calle y al parlamento. En la escuela no. Que tanto reprime una cosa como la otra. Si no te va bien en las encuestas, haz política social durante cuatro años, no ahora que te ves a Rajoy agarrado a tu tobillo mientras te escala los perniles. Ya estáis atontando demasiado a los jóvenes como para que ahora nos pongáis también el uniforme pro o anti homosexual. La ciudadanía me la enseñó mi padre, y la sigo aprendiendo cada día gracias a lo que encuentro en la calle, a lo que vivo, a lo que sufro, a lo que amo, a lo que me provoca solidaridad o simple simpatía. Así que no te voy a votar por el simple hecho de que hayas hecho una ley que me publicite mejor de lo que lo hacen los colegios de hábito. Es retrógrado meter la política en las caras más imberbes a través de la pizarra. Tan falsa es la homilía clerical, que olvida que Jesús se rodeaba de los que nadie daba crédito social, como la ley libertaria que nos dice lo que tenemos que pensar, como en los tiempos donde había que cantar el “cara al sol”.

... y perdimos

Artículo publicado en la revista Día a día la semana pasada; justo después del partido de baloncesto... no me dio tiempo a subirlo antes. Especialmente para mi amiga Letizia: http://diarioprincesaletizia.blogspot.com/


No es correcto el título de este artículo. Yo no he perdido nada, ni hubiera ganado en el supuesto caso de que hubiera algo que ganar. Son las once y veinticinco de la noche del domingo. Gasol, el más alto, el más español en los “Iunaited Esteits” después de Antonio Banderas, ha fallado un tiro y Rusia ha ganado el partido por un punto. La crónica deportiva no viene a continuación.
Pero estuvo bien. Yo no lo vi, por supuesto, pero estuvo bien. Antes de empezar el partido, un espectáculo de famosos interminable, hasta mi amiga bloguera la Leti de España se asomó. Don Zapatero, Don Rajoy, Don Aznar, Don Gallardón, y Felipe el príncipe (el de las galletas de chocolate no, el del Palacio carísimo). Todo el mundo en pie. Suena el himno nacional. Y como la letra es tan sencilla, el publico – más de 15 mil o yo que se – la cantaron a coro. Yo ya me la he aprendido. Mirad: La la la la, la la la la la la la, la la la la la, la la la la la la… y así hasta el final. Emocionante.
Los chavales estirados – por altura – empezaron ganando a los rusos de bastante diferencia. Todo el mundo reía, cantaba, vitoreaba… hasta la Leti se movía en el asiento. Felipe no; sólo movía la mano para coger el cubata que estaba escondido en eso que ponen delante de los asientos de plástico para poder llamarlos palco.
Rusia se acerca peligrosamente en el marcador. Yo ni me entero, porque los nenes están hoy especialmente nerviosos. Mañana empieza el colegio para todos. Se acuestan los nenes. Me asomo a la tele, y el ruido de antes ya no se oye. La cara de la Leti es como si le hubieran enviado un SMS diciendo que Elena va a hablar con Zetapé para reclamar su derecho a la corona. Miro el marcador y empate. Me voy al ordenador a escribir de carnavales, a mirar el blog, en fin… que no aguanto tanta emoción comprimida en tan poco tiempo.


Faltan dos segundos y Rusia gana de un punto. Tiempo muerto. Pepo traza una estrategia; lo de siempre, no tenemos otra cosa: tú sacas, se la das a Pau, y que sea lo que Dios quiera. Leti se santigua. Felipe mira al cielo, vamos, al techo del pabellón que lo tiene a tres metros. Pau falla. Lo que te digo, esto de meter a Dios en asuntos de patrias no funciona. Bueno, al menos he aprendido una canción.

Tormenta

El viento sopla más fuerte al paso de las hojas del libro que aun no he escrito. Ellas lo incitan y hacen que se enfade y se enfríe. Viento de tormenta. Las nubes de humo se van oscureciendo sobre mi cabeza. Hemos provocado una tormenta.
Me levanto antes que el sol que hoy no saldrá. Mis dedos apuntan verticalmente hacia el suelo, y llueve detrás de mis dedos mientras acaricio el paisaje suave e infinito que provoca rayos eléctricos en el horizonte. La Naturaleza, que volaba alto, vino a mi casa, o yo fui a la suya; no lo recuerdo. Sólo recuerdo lo lejano lejanísimo que me vino a visitar la otra mañana oscura. En una décima de segundo estalla el rayo que me ciega y el agua salvaje se derrama y me empapa por completo, y arrasa con todo, y me deja otra vez las hojas vacías. Detrás de la tormenta viene la calma. Se oye tan lejos el trueno que parece de otra vida; pero es el mío. Lo he provocado yo.

Volver



Recuerdo esta misma sensación en años o circunstancias pasadas. Se llama volver. Volver con la expectación de alguna novedad sacada de la chistera de la ausencia prolongada. Se llama volver al otoño en la agonía de verano que aportan las maletas llenas de ropa sucia. He vuelto. Abro la puerta después de un tiempo que cuento en semanas disfrazadas de años. La calima reseca se apoderó del ambiente y se hace notar desde la primera vez que respiro en el recibidor. Aire encerrado para mi espíritu libre que lleva respirando bofetadas de viento una temporada. Abro la ventana. Todo está igual. El grifo sigue goteando. Los yogures del frigorífico están caducados. Cientos de libros me miran con reproche al pasar por la estantería.
Todo está en el mismo sitio; hasta la macroeconomía mundial sigue echando su peso inaguantable sobre la espalda del currante. Hasta siguen muriendo en manadas con el insecticida terrorista de Irak. Hasta las catástrofes naturales vuelven a taconear sobre el tablao de papel de Centroamérica. De verdad que pretendía, iluso de mí, sorprenderme con algo positivo después de mi desconexión. Pero no. Siguen los albañiles yendo a trabajar con la incertidumbre de acabar la jornada o de aumentar la estadística de muertos en accidente de trabajo. Y siguen engordando otros números funerarios, trágicos y con nombre de mujer. Me pregunto cuánto tiempo lleva el gobierno de vacaciones. A ellos los años les parecerán semanas. He vuelto. Todo sigue igual. Voy a llamar al fontanero, al menos arreglaremos el grifo del lavabo, mientras el grifo de la vida sigue goteando.

Ángeles y demonios



A veces no se sabe distinguir entre un ángel y un demonio. Hay sonrisas angelicales que te llevan volando a un instante irrepetible, que empapan el alma de alegría y ya no la quieres estrujar. Hay diablos que parecen malos y no saben distinguir entre la maldad y la bondad; se mueven entre la ignorancia y el instinto de supervivencia. Hay presencias celestiales y ausencias infernales, y al revés. Hay niños con sabiduría de ancianos – más sabe el diablo por viejo – y abuelos con sonrisa infantil gracias, quizá, a sus palabras verdaderas.

Si te das una vuelta por el mundo encuentras de todo: políticos vestidos de ángeles con corbata que son demonios de la mentira vendiendo palabras de humo y huyendo de cualquier posibilidad de rectificar. Y curas que predican un cielo desde la puerta del infierno; los que prometen un paraíso en otra vida para asegurar en suyo en ésta; la única que hay, joder. Y esos ángeles negros a los que le ponen caras de demonios por una sentencia dictada en un juicio sin defensa; eso sí, los jueces se abren la puerta del cielo poniéndose de parte de San Pedro, ese que tanto aireaba la espada y a la hora de la verdad negó a su maestro.

Así que, ante la dificultad de valorar si ser un ángel es lo bueno, o no lo es tanto; o si ser un demonio es una condena vitalicia o una manera de saber vivir los pocos días que nos ha tocado estar aquí, voy a tomar parte. No me gusta ser neutral; de hecho creo que nadie lo es en realidad. En mi vida tengo un poco de todo: angelitos blanco y azules, suaves, sensibles, sinceros, que susurran, y diablillos ardientes con ese punto de coraje y valentía que me hacen quitarme el antifaz.

No sé. Del blanco alado al rojo con rabito y cuernos no hay tanta diferencia. Será según lo miremos. Personalmente siempre preferí el fuego del infierno; es más musical. ¿y tú?

El Pirata



Hoy me tapo un ojo con el antifaz. Como si fuera el parche sucio y vivido de un pirata solitario. El pirata es un justiciero fuera de la ley. Da vacaciones a quien las necesita. El pirata es malo, como el mismo diablo; los buenos suelen ser más torpes. El pirata convierte las interrogaciones en respuestas con signos de admiración. El pirata habla con mano de hierro. El pirata vive ilegalmente escondido en su isla desierta que hay en medio de la gente. El pirata es un luchador incansable. Roba las penas y reparte alegrías. No se detiene a hacer balances, críticas u observaciones; toma lo que le gusta y se pierde en el horizonte. No hay listón que supere las hazañas de la piratería. Dos tibias y una calavera son la bandera sobre fondo negro del pirata. La calavera porque no tiene rostro. Las tibias porque está prohibido el paso al interior de un pirata.


El pirata es más fuerte que el barco que vence al maremoto en alta mar. Es más rápido que un huracán: llega, arrasa, y se va antes de que la guardia lo descubra. Y si algún día lo atrapan, empieza a planear su escapada de la cárcel. El pirata es inmortal. Nadie entierra a un pirata. Está tranquilo en su isla donde nadie hace preguntas. Corta el viento con su espada para no quemarse la cara. Lucha constantemente, cada día, cada minuto. Nadie lo entiende, porque nadie le conoce. No huye, sino que se retira a recuperar fuerzas para marcar otro objetivo. El pirata disfruta de los mejores amaneceres jamás vistos. Nunca se pierde porque va guiado por la luna y las estrellas. No usa mapa porque ya sabe el camino hacia su tesoro. En su libro de viajes hay escritos poemas piratas y aventuras impensables de amores que quedaron esperando en el muelle a ver si alguna de estas lunas le trae su barco de regreso. Tiene mil cicatrices, pero ninguna dolorosa; son capítulos de una novela de piratas, de una novela a la que nadie tiene el valor de escribirle el final.

Levad anclas. A toda vela. Y sin rumbo fijo. Hacia donde quiera el viento hoy. Que llevo por compañera mi botella de ron y la historia que estoy escribiendo a base de atracos y borracheras. El pirata es una leyenda. Pero algunos cuentan entre misterios y fantasías, que es verdad que lo han visto cantando a voces la canción del pirata en su barco negro como la noche.

Canción del pirata (José de Espronceda).

Con diez cañones por banda,viento en popa, a toda vela
,no corta el mar, sino vuelaun velero bergantín.
Bajel pirata que llaman,por su bravura, el Temido,
en todo mar conocidodel uno al otro confín.
La luna en el mar riela,en la lona gime el viento,
y alza en blando movimientoolas de plata y azul;
y ve el capitán pirata,cantando alegre en la popa,
Asia a un lado, al otro Europa, y allá a su frente Stambul: …

Que es mi barco mi tesoro,que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,mi única patria, la mar.

Allá muevan feroz guerra ciegos reyes
por un palmo más de tierra;
que yo tengo aquí por mío cuanto abarca el mar bravío,
a quien nadie impuso leyes.
Y no hay playa, sea cualquiera, ni bandera de esplendor,
que no sienta mi derecho y dé pecho a mi valor.

Que es mi barco mi tesoro,que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,mi única patria, la mar…

¡Sentenciado estoy a muerte! Yo me río;
no me abandone la suerte, y al mismo que me condena,
colgaré de alguna entena, quizá en su propio navío.
Y si caigo, ¿qué es la vida? Por perdida ya la di,
cuando el yugo del esclavo, como un bravo, sacudí.

Que es mi barco mi tesoro,que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,mi única patria, la mar.

Son mi música mejor aquilones, el estrépito y temblor
de los cables sacudidos, del negro mar los bramidos
y el rugir de mis cañones.
Y del trueno al son violento, y del viento al rebramar,
yo me duermo sosegado, arrullado por el mar.

Que es mi barco mi tesoro,que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,mi única patria, la mar.»

Verano




Verano. Sueños al sol, insomnio nocturno; duchas rápidas, baños salados. Juguetes de verano, camisetas de verano, recuerdos de un amor de verano. Canciones de verano, insectos, cremas para la piel dolorida. Achicharran los sonidos del verano. El calor se filtra hasta dentro y corta la respiración nocturna. Recuerdos de otro verano. Siestas largas, cortos sueños. Cubitos de hielo y fiestas de verano. Sombrillas, tumbonas, amores que duran lo que dura un verano. Viajes, ausencias, reencuentros, tintos de verano. Estrellas fugaces, fugaces deseos. La piel fresca y vagabunda en las noches de verano. Ladrones al acecho, que roban todo lo que pillan al sol descubierto. Paisajes premeditadamente derretidos, derretidos pensamientos. Azul invencible, azul marino, azul celeste, azul eterno azul.

Vestido de tirantes, chanclas para los pies que no andan ya ningún camino. Te regalo un diamante, de quilates el sol que hoy sí ha venido. Explosión de verano en mis adentros, hace tantos veranos que no te escribo un cuento, que contar un verano más no quiero. Que calor más grande, que no aguanto; el ahogo que ahogarme quiere de calor inaguantable, me hace ver el oasis del otoño inalcanzable. La luz que ciega los ojos, tapa los reflejos de luz de aquel verano sin paisajes. Y cuando el sol se acuesta en el invierno de un país lejano, brillan más las miradas de esta parte del verano. Oxigeno quisiera para dormir más tiempo, oxigeno hay en la mañana fresca antes de que Lorenzo, de calor clave sus flechas. Tanto se llega a arder en un solo estío, que a veces, en verano tengo frío. Bailes de salón al aire libre, en el salón libre de aire bailan los pudientes; bailes de barcas sin alma, que con el alma pagaron esas gentes, una plaza en la barca de la muerte, para jugar con la luna y la suerte, de poder al fin cambiar de continente. Bailes de sudor, baños de sol. Toallas extendidas en el suelo, que son alfombras que un pensamiento usa para subirse al cielo. Besos de amor veraniego que aprietan el calor entre mis brazos, tangos de Gardel vestidos de verano, que aprietan el amor acalorado.

Turistas perdidos y curiosos, preguntan por las sombras de un verano visitante. Turistas de VISA y souvenir, que compran el otoño amenazante. Hoteles repletos, me voy, me pierdo, me tomo un tiempo. Que con este calor no vivo, que con este sudor no sé ni lo que escribo.

Hoy hay nubes



¡Qué suerte! Hoy me tocó ventanilla. Me sorprende ver como me alegro por una estupidez como esa aunque tenga mil problemas sin resolver. El avión despega, y un minuto después atraviesa el túnel gris de una espesa y temblorosa nube. Hoy hay nubes. Las nubes son como las personas, cada una, según el momento, transmite una cosa distinta.
Hay nubes que son como una isla desierta que esconde un tesoro sin mapa, y te invitan a buscar el tesoro que tal vez dejaste atrás. Otras son animales o monstruos imposibles. Las más lejanas hoy parecen los restos de un campo de nieve donde estuvieron jugando los niños: ahí hicieron un muñeco, allí pusieron una portería y allí patinaron. Hay otras que son como el dulce enorme de azúcar que venden en las ferias. Y otras que parecen caras mirándote: ese parece sorprendido, ese tiene la boca abierta y se dibujan sus dientes; ese otro… uffff. Ese no sé lo que es. Hay nubes que parecen un campo de algodón, llano, inmenso, con sus perfectas irregularidades, y te quieres tumbar allí encima a esperar a que salga la luna. Hay nubes que parecen un camino a seguir; pero lo encuentras transversal al que tú llevas. No será ese mi camino hoy; aunque no puedes evitar pensar hacia donde irá. Hay algunas nubes que parecen montañas, y otras que dejan ver un trozo de montaña en medio. Otras que son tormentas, que no hacen otra cosa que abrir la puerta a la calma. Algunas parecen el humo de un incendio que arrasa la vida a su paso; otras, una cortina que no te deja ver más que siluetas por debajo de ella; otras parecen pinceladas de un cuadro en blanco sobre fondo azul. Qué suerte poder pintar sentimientos. A veces, te dejan ver los rayos del sol como nunca los habías visto antes, como un abanico en medio del océano de nubes que se asoma por la ventana. Que suerte pintar el sol y no deslumbrarse. Lo dicho: las nubes son como las personas, reales o ficticias, lejanas o… o alejadas.



“Señoras y señores en breves momentos haremos la maniobra de aproximación al aeropuerto de destino. Plieguen su mesita, desconecten sus aparatos electrónicos y pongan su respaldo en posición vertical. Manténganse con el cinturón de seguridad abrochado hasta que el avión haya parado totalmente en la plataforma de embarque. Gracias por volar con su imaginación”. Me pareció que había dicho.

Mi bandera



Me hice un tatuaje con unas palabras, tan profundo que no llega a asomar por el espejo de mi piel, sino por detrás de mi antifaz. Me tatué de azul maniático; y como una sábana, me dejé envolver en el orgullo de la bandera de mi país inexistente. Hay banderas que sin ser mías, las tomo como propias; hay banderas que estando cerca y presentes bajo la identidad del sitio donde nací, las tomo como un trapo de colores. Mi bandera no tiene identidad con un trozo de tierra, no tiene frontera, no es un país ni una región. Es el viento que te da en la cara y te enseña la libertad pero no te deja que la cojas. Es cuando noto la sinceridad de quien tengo en frente. No es un pueblo, ni una sola cultura, que todas son mías en parte como para que una bandera sólo represente una cultura. Aunque sí: Es lo que me hace sentir diferente. Mi bandera es una canción, esa inexplicable sensación que me une a otra persona que siente lo mismo. Es el himno que hace bailar a mi bandera en un pasodoble gaditano.













Me sirve la bandera de un vestido para la niña, me sirve el escudo de un chupete para el niño. Qué alegría de bandera: azul como su mirada, blanca como sus palabras, y con el sol en medio, que siempre está llegando y siempre se está yendo. Me sirve todo lo que incluya. No quiero banderas que excluyan. Me sirve la bandera multicolor de los homosexuales que rechazamos por enfermedad mental mientras nos desgañitamos gritándole a una estatua pequeña que qué guapa es. Me sirve la bandera pirata de los ilegales que rechazan con su rebelión las leyes que el poderoso dicta para no perder su poder sobre el pueblo enmudecido. Me sirve la bandera de un libro que cuenta la vida de alguien que existió, que luchó, o de alguien que inventó la vida de otro alguien para que nosotros inventemos la nuestra a sabiendas de lo bueno y lo malo.





Mi bandera es la puesta de sol marina, con la que pintaron la bandera argentina, que no es mía, pero me gusta, y la siento pegada como un tango, como el pañuelo blanco en la cabeza de las madres de la Plaza de Mayo. Y tan lejos del mar, y tan lejos de Argentina, y tan lejos de mí, y tan lejos estoy de la frontera que pintan los mapas, que nunca me siento lejos de mi bandera.

¿Qué habéis hecho?


- ¿Oye? ¿se cortó la llamada?
- No. Tuve que colgar porque había un tío merodeando cerca de la cabina que tenía una pinta de hertzaina de la hostia.
- ¿Y?
- Nada. Era un despistao. Me metí en una tienda a mirar unos libros hasta que se fue.
- Vale. ¿Qué pasa?
- ¿Te enteraste? Lo mandamos todo a freir espárragos. Ni negociación ni nada.
- Sí claro que me enteré. Lo que pasa es que no sé a dónde vais a parar.
- Joder. Pues a la lucha otra vez. El Zapatero este es un manta. Nosotros a lo nuestro.
- Muy bien. Ala. A enseñar los dientes. Está claro que no tenéis ni idea de por qué lucháis.
- Joder, no me eches la bulla, que pareces mi aita. Luchamos por la libertad de euskalerría. Está claro. ¿no?
- Mira chaval, ¿cuánto tiempo llevas con nosotros?
- Va pa 5 años ya.
- Vale. Yo llevo 30 años en la lucha, y nunca había visto una oportunidad como esta de poder decir lo que nos dé la gana. Zapatero es un muñeco, de acuerdo, pero abrió la puerta para poder luchar de otra forma.
- Sí. Abrió la puerta para que nosotros pasásemos por el aro del gobierno español, y de nuestras reivindicaciones nada de nada.
- No me has entendido. Te lo voy a explicar de otra forma: Nunca me cansé de defender a mi tierra y a mi pueblo. Pero muchas veces me quedo pensando que tengo un hijo con 15 años y que lo he visto 4 veces. Que vivir así merece la pena, aunque hay una forma de defenderse sin tener que pagar un precio personal tan alto.
- Pues yo estoy dispuesto a lo que sea.
- Está bien niño. Eso decía yo a tu edad. Y no he perdido el ideal que me inundó de rabia y revolución. Lo que he perdido es mi vida entera.



- Hi! Was the phone call cut off?
- No, it wasn’t. I had to hung up because there was a guy who looked like a policeman, snooping around near the phone box.
- And?
- Well, he turned out to be an absentminded person. I went into a bookshop to have a look till he disappeared.
- Ok. What happens?
- Didn’t you know? We spoilt everything. Neither negotiation nor anything.
- Yes, of course I know. I do not know where you are going…
- Shit! To the fight again. Zapatero is a stupid man. We must take care of our interests.
- Very well. Go ahead. Show your teeth. It is clear enough you have no idea what are you fighting for.
- Shell! Don’t tell me off, you seem my dad. We struggle for the liberty of “euskalherría” , of course, don’t we?
- Well lad, how long have you been with us?
- Almost five years.
- Great. I have been thirty years in this fight, and never, I say never, I had seen as good opportunity as this one to be able and say whatever we want to. Zapatero is a puppet, alright, but he opened the door to a quiet different fight.
- Yeah, he opened the door so that we knuckled under the Spanish government and forgot our claims.
- You didn’t understand anything; I will explain again in a different way. I never got tired of defending my country and my people, but most times I can’t avoid thinking my fifteen-year son whom I have met only four times. Though to live in this way is worth it, there is a different way to reach our interests without paying such a high personal price.
- Well I am ready whatever may come.
- Alright kid, that’s the same I said when I was as young as you and I did not loose the ideal that filled me up with anger and revolution. I really lost my whole life.