Atardecer
Soirée
Ha llegado el verdugo que se arrastra en el suelo
A cubrirle el encanto con oscuras ojeras;
El verdugo ha llegado con la manta del tiempo.
Las cárceles de vidrio me han cerrado hasta el aire.
La prematura noche se tornó en madrugada.
Te busco en un tropiezo, pero tropiezo y caigo.
Millones de zapatos con la boca cerrada.
La noche se sublima por la duda del sol.
Recuerdo tus museos con el suelo mojado,
Y la agrietada piel, y la arruga en las nubes,
Y la plaza del vientre, y el tranvía de tus brazos.
Si en la noche ya ida me hubieras dado un soplo
Con la fuerza del fruto reciente de tu árbol
Habría dormido más que una sola pregunta
Que por no contestarla me tiene desvelado.
Has llegado hasta mí como el viento a las alas;
En la memoria queda el dulce de tu agua,
En el olvido nada. Empezamos de nuevo
A ver si un día de estos el tiempo sí se para.
Paisajes marinos (I)
He nacido una noche de verano
entre dos pausas. Háblame: te escucho.
Vicente Alexandre.
Un pellizco del cielo con raíces de espejo.
Soy un pulmón de sal, de espuma los arpones.
Una pista de baile para las gaviotas.
Soy la que besa al sol antes de que se ahogue.
Soy la calor nacida, un tortazo del viento.
Soy la piel que sostiene tus vuelos imposibles.
Soy la madre que canta, que acuna, que espera.
Soy el azul soñando que riega tus jardines.
Tatuaje de arena que en seguida se borra.
Un párpado de mar me ha nublado la vista.
La suerte es que la luna hoy sale sin zapatos
y no echaré de menos esos cuadros que pinta.
Soy alfombra encantada, soy un ave de agua.
Soy aquel paraíso de Vicente Alexandre.
Soy la que te derrumba los castillos de arena.
Soy la vista saciada, de tu ausencia soy hambre.
Siesta en La Mancha
Este calor de uvas, de racimos calientes,
De moscas pegajosas y perros a la sombra,
De avispas en las tejas y de niños descalzos.
Calor irrespirable, que hasta el aire me estorba.
Brisa que aplasta el llano, despeina los arbustos;
Calor inaguantable, calor casi andaluz.
Se seca la garganta, se secan las palabras.
Golondrinas que adornan los cables de la luz.
Cuando el sol se doblega por detrás del jardín
Los pájaros empiezan a acunar su silencio.
Las tapias dan más sombra que las hojas de un libro
Las palomas se arrullan y se quitan de en medio.
Y yo con mi libreta que pinto con sudores
Me voy a donde el sol no me sea tan injusto.
La sensación de sueño, de no haber dicho nada
Acompaña mis pasos hasta el fin de mi mundo.
Besos (y vino, y risas, y música, y vosotros).
La Cuisine De Bernard - Fito & Fitipaldis
Besos de cristal,
de labios rojos, de rojo vino.
Labios resecos,
de amor, del camino.

Besos de silencio.
Paciente es el tiempo, oscuro el momento.
Cunas de madera con húmedo aliento,
cantan en silencio la canción de un sueño
que dibuja el vino que bebo con nervio.
Con nervio tan lento, que hasta el puro nervio
le arropa el silencio.

Besos amarillos que arrastran el viento
como una hoja seca que estaba durmiendo.
Como una uva roja que endulza el otoño,
como un río de hojas, como una botella,
como un manicomio.
Besos amarillos que le diera ella.

que escribiera él.
Fortaleza y hambre.
Que el vino te muerda como una mujer,
y que vino sangres.
Roja la doncella.
Besos de papel, de papel los versos,
versos para ella, que escribiera él.
Peñafiel, 12 de octubre de 2009.
Otra vez ella.
En un momento cortísimo pasaron miles de cosas por mi cabeza; desde lo más cercano, hasta lo más lejano. Me acordé de Cuba, de Carmen, y de que la luna de esta noche había roto sus miedos definitivamente en un abrazo fuerte a su familia; no necesitaba nada en la maleta; se trataba de que fuera ella. Me acordé de Kt, porque pido a luna deseos de tranquilidad para ella y para su hija. Me acordé de Coblenza, porque no sé cómo está, ni ella sabe cómo estoy yo. Me acordé de Calle Quimera y de las casualidades que hacen favores a los reencuentros. Me acordé de Tuccitano y Logansanz; me acordé porque el camarero no paraba de traerme cerveza. Me acordé de Almudena, porque está tan lejos de este mar como cerca de mis mediterráneos viajes, ahora semanales. Me acordé de todos los que me hacen comentarios porque me conocen; al menos eso creen. Me acordé de todos los que me hacen comentarios a pesar de conocerme.
Y antes de irme me acordé de mí mismo. De mi verdadero nombre que aun no he escrito aquí. De mi existencia cíclica como las vueltas que la luna da a mi alrededor. De la lejanía de mi blog, que lo siento así: mío, y de todos vosotros.

Puede que creáis que me estoy repitiendo: la luna, el sol, el cielo, el mar… siempre lo mismo. Pero no. Os lo aseguro. Estoy avanzando; muy despacio, pero avanzo. De momento la luna me dejó con el antifaz puesto. Ella no necesita quitármelo, sabe quien soy, porque sólo a ella se lo tengo dicho. Es mi consentida, mi confidente. Por eso me sonrió anoche.
Hoy hay nubes
¡Qué suerte! Hoy me tocó ventanilla. Me sorprende ver como me alegro por una estupidez como esa aunque tenga mil problemas sin resolver. El avión despega, y un minuto después atraviesa el túnel gris de una espesa y temblorosa nube. Hoy hay nubes. Las nubes son como las personas, cada una, según el momento, transmite una cosa distinta.
Hay nubes que son como una isla desierta que esconde un tesoro sin mapa, y te invitan a buscar el tesoro que tal vez dejaste atrás. Otras son animales o monstruos imposibles. Las más lejanas hoy parecen los restos de un campo de nieve donde estuvieron jugando los niños: ahí hicieron un muñeco, allí pusieron una portería y allí patinaron. Hay otras que son como el dulce enorme de azúcar que venden en las ferias. Y otras que parecen caras mirándote: ese parece sorprendido, ese tiene la boca abierta y se dibujan sus dientes; ese otro… uffff. Ese no sé lo que es. Hay nubes que parecen un campo de algodón, llano, inmenso, con sus perfectas irregularidades, y te quieres tumbar allí encima a esperar a que salga la luna. Hay nubes que parecen un camino a seguir; pero lo encuentras transversal al que tú llevas. No será ese mi camino hoy; aunque no puedes evitar pensar hacia donde irá. Hay algunas nubes que parecen montañas, y otras que dejan ver un trozo de montaña en medio. Otras que son tormentas, que no hacen otra cosa que abrir la puerta a la calma. Algunas parecen el humo de un incendio que arrasa la vida a su paso; otras, una cortina que no te deja ver más que siluetas por debajo de ella; otras parecen pinceladas de un cuadro en blanco sobre fondo azul. Qué suerte poder pintar sentimientos. A veces, te dejan ver los rayos del sol como nunca los habías visto antes, como un abanico en medio del océano de nubes que se asoma por la ventana. Que suerte pintar el sol y no deslumbrarse. Lo dicho: las nubes son como las personas, reales o ficticias, lejanas o… o alejadas.
“Señoras y señores en breves momentos haremos la maniobra de aproximación al aeropuerto de destino. Plieguen su mesita, desconecten sus aparatos electrónicos y pongan su respaldo en posición vertical. Manténganse con el cinturón de seguridad abrochado hasta que el avión haya parado totalmente en la plataforma de embarque. Gracias por volar con su imaginación”. Me pareció que había dicho.
Paraiso Natural (MEME): Donghu: El lago del Este.
Hace un año que llegué allí por primera vez. Hace siete meses que me fui de allí por última vez. La gente me marcó. Su estilo de vida calmadamente agitado, y esa forma de manejarse entre la humildad, el respeto y la disponibilidad, hizo aflorar en mí la vergüenza de sentirme más que ellos; y gracias a la lejana diosa fortuna, el honor de aprender a ver las cosas de otra manera. Entre mis visitas, hice una a la antiquísima universidad de Wuhan, donde imaginaba, en medio de mi infinita ignorancia, paseando a los padres de la filosofía oriental. Pude visitar también un templo budista (Guiyuan), donde, hipnotizado por el ambiente de aquella música y aquel olor, pensé en mí más que en nadie, y recé a todos los dioses en los que no creo una antigua frase venida del origen indio del budismo: Nan o mi tuo fo. Que no tiene un significado concreto, pero que invoca todo lo positivo que hay en tí. Visité la torre del pájaro amarillo (Huanghelou), donde pude comprobar el poder que tiene la mitología oriental y el significado de cada animal o color; y donde experimenté en primera persona la bondad creyente de que tocar una campana tres veces me daría suerte: y me dio. La intensidad de lo vivido hace que el recuerdo permanezca nítido y entero en el cajón más cercano de mi memoria.
I arrived there first time one year ago. I left the city last time seven months ago. Chinese people touched me. Their peacefully waved life style, and that way of moving among humility, respect and availability, made me feel the shame to have thought I was more than them; and, thanks to the far Fortune goddess, the honour of learning to watch things in other way. One of my visits was to the old University of Wuhan, where I imagined, in between my endlessly ignorance, to the parents of oriental philosophy walking around me. I could also visit a Buddhist temple (Guiyuan), where, hypnotized by the ambient of the music and smell, I thought about me more than about any other person, I prayed to all gods who I do not believe in, an old sentence coming from the primitive Indian Buddhism: “Nan o mi tuo fo,” which does not mean anything in particular, but invokes everything positive you have. I visited Yellow Bird Tower (Huanghelou), where I could check the power of oriental mythology and the meaning of every single animal or colour I found out there; and experience myself the goodness of believing to touch three times a bell would give me luck: and it became true. The intensity of this experience makes the memory remains complete and bright in the nearest drawer of my conscience.
Uno de los paseos más agradables de mi vida se lo debo a mi eterno amigo Wu Hao. Él me acompañó a conocer el Lago del Este. Dimos un paseo como nuestra amistad. Y entre una tranquila conversación me sumergí en la visión de un horizonte marítimo, imposible por aquellas tierras tan lejanas a donde muere el milenario río Yantzhe. Los árboles me marcaron un nuevo camino; un camino verdadero; pero no para mi cuerpo, que cuando se levanta por la mañana está olvidado de la lucha de ayer, sino para mi alma, la que habla de verdad, la que guarda dentro las cicatrices de las batallas, acumula en su historia triunfos y derrotas, y cambia el color de tu frente. Allí mismo nos encontramos al poeta Qu Yuan inmortalizado en piedra de blanco radiante. Me contaron que se suicidó el quinto día del quinto mes del año por diferencias con el rey. Un republicano de 2000 años siempre es interesante.
I owe one of the more pleasant walks in my life to my faithful friend Wu Hao. He showed me out the East Lake (Donghu). It was a deep as our friendship. In the middle of a calm conversation I became immerse in the sight of a sea horizon which was no possible in those far earth where the millenary Yantzhe River dies. The trees showed me a new path, a true path, not for my body that has already forgotten the yesterday fight when it gets up in the morning; but for my soul, the one who tells the truth, the one who keeps the battle scars, joins together success and defeat, and changes your forehead colour. There we met a bright white stone sculpture of the poet Qu Yuan. I was told he took his life the fifth day of the fifth month of the year due to his differences with the King. It is always interesting a 2000 years old Republican.
El paseo acabó con un café sobre otro en un local occidental. Cuando volví a España veía las cosas diferentes. Nunca identifiqué ese paseo con un cambio en mi vida, pero posiblemente me quedara algo de aquella claridad tranquila revoloteando sobre mis nervios incurables. No fui consciente de que quisiera cambiar mi vida - todavía no lo soy - Cuando volví a China por segunda vez, un día, cogí el teléfono y marqué un número... hola soy yo sin antifaz.
We finished our walk with cup of coffee after another in western site. When I came back to Spain my perception of things had changed. I never identified that walk with a change in my life, but certainly I keep something of that peaceful light fluttering over my hopeless nerves. Really I was never aware I wanted to change my life style – I am not yet – When I came back to China for the second time, a day, I lifted the phone and dialled a number… Hello, me speaking without my mask.
Senyor Pablo

Entrar en un rincón de Barcelona a cenar puede ser una aventura sensorial. El restaurante Senyor Pablo es un escondido sitio en esta preciosa ciudad dónde se cena a la luz de una vela que amarillea un agradable ambiente lleno de sensaciones; la luz artificial casi no se aprecia. Para el oído, No llores por mí Argentina. Para la vista, ese verde confundido con el brillo marítimo que aporta un aspecto de pueblo costero que te quieres quedar a vivir allí. Un ventilador de tres enormes aspas colgado del techo, como castigado a trabajar, no termina de olvidar la sensación de calor, pero aligera el camino del sudor y lo refresca. En la puerta del paraíso debe haber uno de esos en verano, para que se sepa dónde estás entrando. Para el gusto, comida con ajitos fritos, y todo lo que la cocina catalana aporta de magia al paladar hambriento de sabores nuevos. Y de postre café amargo (poco dulce). Camareros argentinos y cubanos, esa raza simpática y sometida que no se quita la música de encima ni para preguntar si le gustó la comida.
Cuando el chocolate entra en la boca, la mujer, Barcelona, te besa. El café amargo se disfrutó y se olvidó. El beso no dura todo lo que tú quieres que dure. Gracias. Estuvo perfecto. Un paseo salado y rápido te lleva al hotel. La luna llena se asoma otra vez detrás de un viso de nubes horizontales que son las líneas que esa mujer se pinta en los ojos para estar guapa. Ducha. Cama. Sueños. Barcelona: esa mujer vestida con la ropa del mar. Volveré a sumergirme en tu rambla multicultural, a hundir el paladar en casa del Senyor Pablo, a dejar que me abraces como abrazas a tus barcos. ¡Qué pedazo de mujer! La Luna

Desde siempre, muchos poetas, bohemios y locos se han visto hipnotizados por la claridad y el misterio que la luna ofrece; de tal manera que nos hemos enamorado con y de ella, y damos en herencia a la siguiente generación nuestra lunática devoción. ¿qué tiene la luna que hasta la más guapa que conozco, con sólo tres añitos me preguntaba por ella? “Mira papá que bonita está la luna hoy”… “La luna es como tú niña, siempre está bonita”. Calurosa y malvada luna de verano, que no dejas dormir a los amantes cuando están juntos, y no les dejas soñar cuando están lejos. Luna rodeada de estrellas, que son tus adornos; rodeada de nubes, que son tus vestidos. Luna que te coronas de círculos de luz para mandarnos mensajes de alegría, de esperanza, de misterio. Luna que mueves el mar, la otra inspiración de los poetas. Luna que haces de partera cuando nace un niño, que eres la vela cuando muere un viejo. Luna que te vas y te vienes jugando con mis anhelos, con mis ánimos, con mis sueños. Luna tímida y coqueta, que sin parar de hablarme, me escondes la cara cuando te vas a lavarte el pelo antes de tu fin de semana, y me obligas a imaginar tu sonrisa… déjame verla el lunes de tu calendario. Brújula del caminante; única luz del noctámbulo, novia del soñador, inspiración de mil leyendas. Luna perenne, dame tu secreto para no envejecer y poder así quedarme contigo más años de los que mi cabeza pueda soportar. Luna lunera, la de las canciones. Luna clara que estás tan cerca y tan inalcanzable. Eterna luna, ¿no será eso lo que busco en ti? ¿la eternidad imposible? Luna femenina, ¿no serás tú la costilla que me falta? ¿no serás la que me hace respirar cada día? ¿la que me regaló un anillo en forma de eclipse de luna? Luna redonda, que eres la misma siempre, en Pekín y en París. Luna graciosa, que eres la misma siempre, desde Change hasta mi niña.
El café Kleber
n "Día a día" en Noviembre de 2006.París es una ciudad con tantos tipismos que resulta difícil escribir sobre ella y aportar algo nuevo. Lo voy a intentar. Cojo el metro en Pantin, en las afueras de la ciudad, donde la mezcla de razas es una realidad. En el antiguo vagón suben todo tipo de gente. No puedes evitar recordar la frase que Kofi Annan dijo hace 3 semanas a propósito del conflicto palestino-israelí: “El problema no es la fe, sino la forma en que se miran entre ellos”.
A medida que el tren deja atrás las estaciones, se mete dentro de mí una especie de inquietud, que me recuerda que estoy sólo en París. No es ésta una ciudad para estar sólo, sino de la mano de esa persona que ahora mismo extraño. No es la primera vez que lo hago, pero salgo por la boca del metro de plaza Trocadero mirando hacia el suelo hasta que llego a la esquina del Palais de Chaillot, en ese momento levanto la vista y me dejo sorprender, una vez más, por la repentina aparición de la torre Eiffel. Pero el momento pierde dulzura. No se puede venir sólo a París. Miro al otro lado de la plaza y veo que la mesa de la esquina del café Kleber está libre. Al sentarme me sorprendo con una visión: ella está aquí. En frente de mis ojos, ella mirando hacia el arco del Triunfo, yo hacia Trocadero. Está preciosa: su cara es el justo adorno que faltaba en esta ciudad. “Deux café noir” y empezamos a hablar entre miradas cariñosas, sumergidos en el ambiente loco y ordenado del tráfico parisino. Hablamos sobre las caricias que nos regalamos y sobre las que nunca nos dimos; sobre los hijos que tuvimos y sobre los que no tenemos; sobre las veces que nos escapamos y sobre las que nos quedamos. Vimos toda la ciudad sin levantarnos de la mesa. Vimos nuestra historia – tan corta, tan larga – sin levantarnos de la mesa, sin que el reloj nos dijese que llegábamos tarde a ningún sitio. Un momento puede ser tan corto y tan eterno… El camarero puso la bandejita con la cuenta en la mesa. El golpe me hizo abrir los ojos. Ya no estaba.

Pagué los dos cafés, aunque en la nota sólo había uno, y me fui de allí pisando los charcos de la avenida d’Eylau y sorteando los peatones que llenaban la acera de paraguas. La lluvia me iba mojando mientras yo, ajeno, me alejaba de aquel momento eterno ¿o me acercaba a él? París es así de contradictorio. Hasta la candidata a la presidencia de la República se llama Royal. No se puede venir sólo a París.
Carpe Diem
Artículo publicado en Día a día en Junio de 2004. A pesar del tiempo, no ha perdido el sentido. Horacio acuñó la frase hace más de dos mil años. No puedo más. Para un devoto del sueño como yo, esto de escribir la columnita para el Día a día el último día - ¿vale la redundancia? – a las tantas de la noche es agotador. A estas horas, cuando el silencio nocturno sólo se interrumpe por alguna melodía sentimental, o por algún motero que mañana no tiene nada que hacer antes de que salga el sol, uno se queda pensando en la interminable fila de estupideces en la que va malgastando las horas del día; eso sin decir ni una palabra de fútbol. Pasas todo el día pensando que los problemas que surgen en tu trabajo son los más importantes del mundo, y te hacen ver que sin alguien como tú nada sería igual. Mentira. Es un truco vil para tenerte amarrado y para que tu petición anual no supere el IPC. El estrés profesional es un papel para una obra de teatro.
El otro día volvía de un viaje de trabajo, y venía yo mirándome el ombligo y pensando en lo que tiene que soportar mi espalda, y en lo gran profesional que soy, cuando mi compañera de asiento, que supongo que jamás leerá estas líneas, vino a confesar a mi oído parte de la pena que la había llevado a hacer ese viaje. Regresaba a casa procedente de Méjico, donde había ido a conocer a una amiga, cuyo contacto hasta hace una semana, se limitaba a mensajes por internet. Hasta ahí todo tiene, digamos, cierta normalidad. Me contó que nunca imaginaba que tendría la oportunidad de conocer a su lejana – y tan cercana a la vez – amiga; pero que ahora sí. Ahora tenía la última oportunidad. Así que decidió que lo mejor era llevarse a su cáncer de tiroides de viaje y dejar a su marido y a sus tres hijos aparcados en su pisito de Torrejón, esperando que la semana no fuera demasiado definitiva para sus vidas. Me regaló un dulcecito para mi niña y dos o tres lágrimas que me empaparon por completo y que son el motivo de este artículo.
¿Tienen que pasar cosas así para darnos cuenta de lo que desperdiciamos el tiempo? A las seis en punto salgo mañana del sitio ese donde me conocen por un número y donde no dejaré herencia ni seré heredero. Voy a ocuparme un poco en dar sabor al presente, que el futuro amenaza implacable detrás de la esquina.
Xiao Nü Zeng. La joven Zeng.
De regreso a casa, después del trabajo, durante el largísimo trayecto de autobús, se me acerca Zeng (una joven a la que no conocía de nada hasta ese momento) y me hizo una pregunta en francés que no pude contestar; le expliqué que yo no era francés y entablamos conversación. Después de unos minutos supe que Zeng es una brillante estudiante que justo después de acabar la universidad, encontró trabajo como aprendiz mientras prepara su viaje a Toulouse para estudiar francés. A simple vista la chica es una lumbrera y tendrá – muy probablemente – el éxito profesional que busca. Me fui a casa pensando en las grandes posibilidades que hay en China – aunque no lo parezca – incluso para las mujeres.
Al día siguiente, y después de buscar el significado de la palabra que en su momento no supe, llamé su atención para darle la respuesta. Esta vez la conversación giró 180 grados, cuando le pregunté que si estaba contenta con el trabajo y me dijo que no porque su padre era muy estricto; y tras escuchar un rato, me di cuenta de que ella estaba pagando un alto precio por llegar a ser alguien “importante”. Me explico: Zeng es la única hija – en China el gobierno sólo permite un retoño por familia, para frenar el enorme crecimiento demográfico – de una familia humilde. Su padre, un albañil chino que gana unos 120 euros al mes, posiblemente tuvo que tragar con la nena aunque, como la mayoría de los chinos, prefería un varón. El hombre debe entender que en su país hay demasiada gente para la pequeña oferta de empleo “en condiciones” que existe; y obliga a su hija a estudiar y trabajar constantemente. No hay salidas, no hay fines de semana, no hay fiesta con los amigos… sólo trabajar. Cuando Zeng era estudiante, el padre exigía que fuera la primera de la clase, y si no – y aquí viene lo grave – le pegaba. Está claro que cuando entran en conflicto la sociedad (más bien diría yo la cultura en este caso) con la competencia debida al rápido desarrollo que está transformando el país por el crecimiento económico, las familias deben, injustamente, sacar un país adelante a costa de soportar dramas como este.







